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Brasil decide su futuro entre la izquierda rosa y la ultraderecha

por | Oct 2, 2022

Las elecciones de hoy en Brasil definirán la futura relación del país con América Latina y el mundo, y enfrentan a dos modelos claramente opuestos: la ultraderecha de Jair Bolsonaro y la “izquierda rosa” de Luiz Inácio Lula da Silva.

Las diferencias entre el gobernante que aspira a la reelección y el exmandatario que pretende volver al poder también se reflejan en la política exterior del país, guiada durante los últimos cuatro años por una agenda ultraconservadora y ahora enfrentada a la ola progresista que ha recobrado espacios en América Latina.

Pero ese panorama puede cambiar. Todas las encuestas consideran favorito a Lula, con una intención de voto en torno al 45% , frente al 30% que obtendría Bolsonaro.

Al comenzar su gestión, en 2019, Bolsonaro alineó a Brasil con los Estados Unidos de Donald Trump, pero tomó distancia desde 2021, cuando asumió Joe Biden, cuya victoria sólo reconoció un mes después de las elecciones.

También se alejó de la Unión Europea (UE), que protesta por sus agresivas políticas para la Amazonia, al punto de que eso mantiene estancado el proceso de ratificación del acuerdo que el bloque comunitario y el Mercosur anunciaron en 2019, tras dos décadas de negociaciones.

Asimismo, creó fricciones con China y mantuvo una participación casi testimonial en el foro Bricas, que Brasil integra con el gigante asiático, Rusia, India y Suráfrica.

América Latina pasó a un segundo plano. Desde enero de 2019, Bolsonaro sólo viajó a Chile y Argentina, cuando gobernaba la derecha, y visitó Ecuador para la investidura de Guillermo Lasso, y Uruguay, para la toma de posesión de Luis Lacalle Pou.

En su reciente intervención ante la Asamblea General de la ONU, Bolsonaro sólo citó a dos países latinoamericanos: Nicaragua, para ofrecer asilo a los religiosos perseguidos, y Venezuela, en una nueva crítica al gobierno de Nicolás Maduro.

En su campaña, ha descalificado un día sí otro no a los líderes de Argentina, Chile, Bolivia, Perú, Colombia, Venezuela, Nicaragua y Cuba, a los que asocia a Lula y al “comunismo” que combate en todos los foros globales. Sus posiciones fueron elogiadas este mismo mes por Trump, quien aseguró que Bolsonaro fue uno de los mejores socios que encontró para “perseguir a los malos”.

También por Steve Bannon, fundador de un movimiento global de la ultraderecha, que tiene como coordinador para Latinoamérica al diputado Eduardo Bolsonaro, uno de los hijos del mandatario. Las de Brasil “son las elecciones más importantes, intensas y dramáticas del siglo XXI” para la “nueva derecha internacional”, declaró Bannon.

Lo pasado fue mejor

Así como promete que Brasil puede volver a vivir la bonanza de la primera década del siglo XXI, cuando estaba en el poder, Lula da Silva plantea restaurar las bases de la integración latinoamericana.

Su programa de gobierno propone “defender la integración” de América Latina y el Caribe, “fortalecer” el Mercosur y otros mecanismos, como la Unión de Naciones Suramericanas (Unasur) y la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (Celac).

Estos dos últimos fueron creados durante su gestión y abandonados por Bolsonaro, pero según Lula deben volver a ser la base de la integración, así como un puente con África y la plataforma para que la región “hable al mundo con una sola voz”. Con ese fin, en los últimos meses se ha reunido con líderes de la región, como el mexicano Andrés Manuel López Obrador, el argentino Alberto Fernández, el boliviano Luis Arce y la vicepresidenta de Colombia, Francia Márquez, entre otros.

Sobre los asuntos más espinosos de la agenda latinoamericana, es esquivo. En relación con Venezuela o Nicaragua, evita ser crítico y se limita a defender la “soberanía de los pueblos”, aunque dice que su deseo es “una Latinoamérica cada vez más democrática”. También propone recomponer los puentes con la UE, pero avisa que los términos del acuerdo con el Mercosur deben ser “revisados”.

A fines del año pasado, ya adelantó esa posición en una gira que hizo por Europa, donde fue recibido por los presidentes del Gobierno español, Pedro Sánchez, y de Francia, Emmanuel Macron, y por el canciller alemán Olaf Scholz, cuando estaba a punto de sustituir a Angela Merkel. “Tenemos que volver a hablar con todo el mundo, porque un país como Brasil no puede ser un paria internacional”, sostiene.

Movilización

Lula da Silva y Bolsonaro movilizaron ayer a miles de seguidores en Sao Paulo, la mayor ciudad de Brasil, antes de medir sus fuerzas en la electrizante primera vuelta de las elecciones presidenciales.

Lula, de 76 años y favorito en los sondeos, lideró, subido en una camioneta, la “marcha de la victoria”, que recorrió una arteria cercana a la emblemática Avenida Paulista, escenario de las grandes manifestaciones en la megalópolis. El exmandatario fue acompañado por miles de personas que ondearon banderas variopintas de centrales sindicales, colectivos Lgbti, grupos de negros y feministas, pero principalmente las rojas de su Partido de los Trabajadores.

A unos cinco kilómetros de la Avenida Paulista, Bolsonaro, de 67 años, chaqueta negra y sin casco, encabezó una caravana en moto hasta el Parque Ibirapuera, pulmón verde de Sao Paulo, donde lo aguardaban miles de simpatizantes. A lo largo de la vía, vestían camisetas amarillas y verdes, y ondeaban banderas de Brasil, aplaudían, pitaban y pedían selfis con el mandatario.

“¡Lula, ladrón, tu lugar es la prisión!”, gritaron los bolsonaristas mientras el Presidente cargaba una bolsa con una foto de su rival izquierdista tras las rejas.

El presidente Bolsonaro tilda constantemente a Lula de “ladrón” y “expresidiario” recordando su condena por corrupción, que luego fue anulada por la Corte Suprema.

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Fuente: BCB 28-11-2022

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